Reducir metano, golazo económico y de medio ambiente

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Este artículo fue publicado originalmente en El Universal.

No siempre la reducción de una sustancia contaminante se presenta al mismo tiempo como una oportunidad para mejorar la calidad del medio ambiente y la economía. Pero la reducción de emisiones de metano ofrece una respuesta a los países que buscan una solución eficiente a los problemas climáticos, y una forma de prepararse para la economía del siglo XXI. Para México, esto es muy importante en este momento, porque las reformas a las leyes energéticas han abierto las puertas a muchos proyectos de exploración que podrían transformar el sector de petróleo y gas del país de aquí al 2025.

El metano es el ingrediente principal del gas natural. Cuando se quema, el gas natural emite menos dióxido de carbono (CO2) que otros combustibles fósiles. Pero cuando se libera a la atmósfera sin ser utilizado, como sucede a nivel global en el sector de gas y petróleo, retiene el calor 80 veces más que el CO2 en el corto plazo. En conjunción con otros contaminantes, también afecta la calidad del aire, genera smog y puede ocasionar problemas de salud. Y esto no es sólo una preocupación para los gobiernos. Cada vez más, las empresas de energía buscan proteger su reputación contra el riesgo que plantean las emisiones de metano no controladas.

Recientemente, la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) publicó su informe World Energy Outlook 2017, en el que explica claramente el desafío que presenta el metano. Su análisis refleja que con las tecnologías actuales, el sector de gas y petróleo puede reducir las emisiones de este gas en un 75 % a nivel mundial, y que además es posible realizar dos tercios de esas reducciones sin ningún costo neto. Es más, la IEA afirma que estas reducciones tendrían el mismo impacto climático para 2100 que si se cerraran de inmediato todas las fábricas de carbón en China.

Hoy en día México aparece como el quinto mayor emisor de metano. Si no se implementan normas eficaces para controlar las emisiones antes de que ocurra el crecimiento en la producción de hidrocarburos que predicen los expertos, la posición de liderazgo de México en cuestiones de cambio climático podría sufrir, y pondría en riesgo el alcance de los objetivos ya establecidos.

En la última Cumbre de Líderes de América del Norte, el presidente Enrique Peña Nieto junto al Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, y al ex Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, acordaron reducir en un 45% las emisiones de gas metano para el 2025. Las acciones llevadas a cabo por varios estados en EE.UU. y las decisiones tomadas por las cortes federales del país, han favorecido el alcance de este objetivo, a pesar de la agenda del Presidente Donald Trump. Canadá propuso sus propias leyes regulatorias de metano a nivel federal. Por su parte, en México, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) ha comenzado a desarrollar leyes para controlar las emisiones de metano, y es esencial que adopte una postura aún más firme a fin de alcanzar la meta deseada.

Por suerte, diversas empresas a nivel global están tomando medidas importantes para reducir emisiones de metano. El mes pasado, Pemex se sumó a la Iniciativa Climática de Petróleo y Gas para crear un futuro sin metano junto con otros nueve productores internacionales. ExxonMobil y Statoil, dos de los mayores inversionistas en México a partir de la reforma energética, también están trabajando para detectar y reducir las emisiones de metano en Estados Unidos.

El liderazgo empresarial es clave para aportar al proceso de regulación de emisiones de metano de la ASEA. A raíz de la extensa experiencia de Environmental Defense Fund en el tema a nivel mundial, vemos factible y necesario que ASEA implemente normas alineadas con las mejores prácticas internacionales. Dichas prácticas incluyen requerir a todos los operadores que eliminen o minimicen el venteo intencional de metano, incrementar la frecuencia de inspecciones para detectar y reparar fugas, así como mejorar el reporte de emisiones. De acuerdo con un análisis de EDF y sus socios, estas soluciones simples tienen costos mínimos, no requieren ninguna tecnología nueva y aseguran que el metano se aproveche mejor y que se obtengan mayores ganancias.

México está ante la increíble oportunidad de impulsar una ola de crecimiento económico, a la vez de proteger el medio ambiente y mantener su liderazgo internacional en temas de cambio climático. Regulaciones inteligentes y eficaces para controlar el metano son la base para construir ese futuro. Fundamentalmente, una buena regulación garantizará protecciones vitales para las comunidades locales, reflejarán el compromiso que tiene México con el cambio climático y también le darán a Pemex y al sector energético en su conjunto la ayuda que necesitan para invertir. Es una gran oportunidad que México no debería desaprovechar.

 

Drew Nelson es Director de Asuntos Internacionales del Programa de Clima y Energía de Environmental Defense Fund (EDF)

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