Este contenido fue publicado originalmente en BNamericas
Reducir las emisiones de metano es uno de los frenos de emergencia más efectivos que tenemos para desacelerar el cambio climático, y hemos tardado demasiado en accionarlo.
Este gas es el responsable de aproximadamente una tercera parte del calentamiento global actual, y tiene un impacto 80 veces mayor que el dióxido de carbono (CO₂) en un periodo de 20 años. A diferencia del CO₂, el metano permanece menos tiempo en la atmósfera, lo que implica que una acción decidida puede desacelerar el calentamiento global en cuestión de años y ganar tiempo valioso para avanzar en la transición energética.
En este contexto, México, hogar de Pemex, uno de los operadores de petróleo y gas más importantes de la región, se encuentra en el centro de este desafío, pero esto puede ser transformado en una oportunidad. Esta relevancia cobra aún mayor sentido si se considera que, como señala el más reciente reporte Global Methane Tracker de la Agencia Internacional de Energía (IEA), las emisiones del sector energético siguen siendo elevadas a nivel global, a pesar de que muchas de las soluciones para reducirlas ya existen y son costo-efectivas.
En este sentido, el sector de hidrocarburos ocupa un lugar central en la conversación climática, al concentrar aproximadamente el 35% de las emisiones globales de metano. Esta contribución se explica principalmente por prácticas como las emisiones fugitivas, la quema rutinaria y el venteo de gas, presentes a lo largo de la cadena de valor. Más allá de su impacto ambiental, estas emisiones reflejan ineficiencias en el aprovechamiento de un recurso energético valioso. Hacer frente a esto no solo es una prioridad climática, sino también una oportunidad para mejorar el desempeño operativo del sector. Como destaca la IEA, una proporción significativa de estas emisiones podría reducirse a bajo costo o incluso con beneficios económicos, al capturar gas que hoy se desperdicia y llevarlo al mercado.
A pesar de la urgencia, América Latina aún tiene una deuda pendiente en la mitigación de metano. La región enfrenta una combinación compleja de retos y oportunidades en la medición, monitoreo y gestión de emisiones. De acuerdo con la IEA, las emisiones del sector de hidrocarburos en Centro y Sudamérica se sitúan entre 7 y 8 millones de toneladas al año; al incluir a México, esta cifra podría alcanzar entre 8 y 9 millones, lo que representa cerca del 10% de las emisiones globales estimadas.
Más allá del volumen, el problema no es cuánto emite la región, sino la falta de consistencia en su respuesta. Aunque la mayoría de los países ha suscrito el Compromiso Global por el Metano (Global Methane Pledge), los avances en su implementación siguen siendo desiguales. Por ejemplo, Colombia destaca como el único país con una estrategia integral y regulaciones robustas para limitar emisiones en el sector de hidrocarburos, incluyendo restricciones al venteo y la quema, así como programas obligatorios de detección y reparación de fugas. En contraste, países como Argentina, Brasil y Ecuador han adoptado medidas parciales, principalmente enfocadas en la quema de gas, con resultados mixtos. México, por su parte, se mantiene cercano al promedio global en términos de intensidad de emisiones, con avances regulatorios relevantes, pero enfrentando una etapa crítica: cerrar la brecha entre ambición y ejecución en la operación diaria, especialmente para un operador de la escala de Pemex. En conjunto, este panorama confirma que el reto de la región no es de compromisos, sino de implementación.
Frente a este panorama, entre los principales obstáculos se encuentran la falta de datos confiables, la limitada adopción de tecnologías de monitoreo continuo y la ausencia de incentivos claros para capturar el gas que hoy se desperdicia. En este contexto, organizaciones como Environmental Defense Fund (EDF), con sólida capacidad científica y técnica, contribuyen a fortalecer capacidades técnicas, promover estándares internacionales como la Alianza para el Metano del Petróleo y el Gas 2.0 (OGMP 2.0), apoyar el desarrollo de sistemas de medición, reporte y verificación (MRV) y generar evidencia independiente que mejore la transparencia y la efectividad de las acciones de mitigación.
Asimismo, EDF impulsa mecanismos financieros innovadores a través del Methane Finance Working Group una iniciativa que articula a la industria y al sector financiero para movilizar capital hacia proyectos de reducción de metano con rigor técnico. Este esfuerzo cobra especial relevancia si se considera que, a pesar de que el sector energético concentra más de 3.2 billones de dólares (trillion en inglés) en deuda, aún no se destinan suficientes recursos a la mitigación de metano y la eliminación de la quema rutinaria. Cerrar esta brecha requerirá movilizar entre 175 y 200 mil millones de dólares adicionales hacia 2030, orientados a proyectos con impacto medible y verificable.
Hoy, la mitigación del metano se ha convertido en un indicador creciente de competitividad en el sector energético global. Como señala el Global Methane Tracker, los países y empresas que avancen más rápido en la reducción de estas emisiones estarán mejor posicionados en un mercado cada vez más exigente en términos de desempeño y emisiones. En este contexto, América Latina enfrenta una decisión clara: cerrar la brecha de implementación o asumir el costo de quedar rezagada frente a mercados que avanzan con mayor rapidez. Para México, y particularmente para Pemex, no se trata solo de un desafío climático, sino de eficiencia operativa, credibilidad en el mercado y competitividad de largo plazo. Transformar esta deuda pendiente en una oportunidad de liderazgo climático dependerá de la capacidad de gobiernos, empresas y organizaciones de trabajar de manera coordinada, con ambición y enfoque en resultados. El tiempo para actuar es ahora.